Sueño en Otro Idioma, el secreto detrás del Zikryl

La selva veracruzana es el escenario donde se ubica la historia de Sueño en Otro Idioma en donde Martín, un joven lingüista busca rescatar los últimos vestigios del Zikryl, un dialecto indígena que está por extinguirse, ya que sus dos únicos hablantes llevan peleados más de 50 años por un aparente “mal de amores”.

En este cuarto largometraje de Ernesto Contreras, en colaboración con su hermano Carlos Contreras en la realización del guión, repite ciertos elementos de sus anteriores trabajos, Párpados Azules (2007) y Las Oscuras Primaveras (2014): pasión, deseo, y el encuentro y desencuentro desenfrenado del amor y el distanciamiento entre sus personajes, tanto principales como secundarios. Al mismo tiempo, recurre sin temor a nuevas fórmulas, tomando riesgos inesperados con giros de tuerca que sorprenden. Cuenta con un excelente trabajo fotográfico y escenografías alejadas del bullicio citadino y de la complejidad de las grandes urbes que dan soporte a un muy buen trabajo actoral por parte de los protagonistas.

Contiene ciertos momentos chuscos que no son frecuentes en sus trabajos como director, pero que le dan un toque diferente; como plus destaca la importancia que le da a los pueblos y comunidades indígenas, que en muchas ocasiones son menospreciados y humillados por cuestiones de lenguaje y  de la condición social que padecen en muchas partes de nuestro país, sin tomar en cuenta que son piedra angular de muchas tradiciones, gastronomía y cultura.

Para hablar de este largometraje, no podemos dejar pasar toda una serie de aciertos de Ernesto y Carlos Contreras al narrar esta bella historia de amor, desamor, perdón y reconciliación, en la que Isauro y Evaristo, los dos últimos hablantes de dicha lengua (inventada únicamente para la filmación), nos narran cómo surgen las rencillas y cuáles son las consecuencias de un secreto resguardado por más de 50 años. 

Con movimientos de cámara lentos y pausados, pero al mismo tiempo detallados y profundos que permiten contemplar las diferentes atmósferas y ambientes rurales, nos adentramos a conocer a los dos últimos hablantes de una cultura que está por extinguirse. Nos retrata hermosos paisajes exteriores, donde muchas veces las inclemencias del clima fueron clave para darle más naturalidad, ya que, como el mismo Ernesto Contreras declaró: se aprovechaban las condiciones atmosféricas para encontrar ese realismo mágico y una conexión con la naturaleza pocas veces explorada en el cine mexicano actual. Para cerrar con broche de oro, nos presenta un inesperado final que deja un muy buen sabor de boca…

Si bien Contreras utiliza elementos que le han funcionado con anterioridad y que son parte de su sello característico como director, también es capaz de re-inventarse recurriendo  a nuevas fórmulas y situaciones completamente diferentes a las habituales, como se mencionó anteriormente, aunadas al aprendizaje y al respeto hacia los pueblos indígenas y a la herencia cultural que representan; lo que ha llevado a este cuarto filme a ser considerado en la próxima ceremonia de los Premios Ariel a 16 nominaciones, incluyendo Mejor Película, Mejor Actor (Eligio Meléndez), Mejor Guión (Carlos Contreras) y Mejor Fotografía (Tonatiuh Martínez), por mencionar algunos; además de ser premiada en el Festival de Sundance en 2017, lo que reafirma la capacidad de realizar piezas de alta calidad basada en valores culturales, con contextos e historias bien realizadas.

Aquí te dejamos el tráiler:

Reseña de: Toño Viornery

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